En Fez descubrí el maravilloso mundo femenino que se esconde bajo los pañuelos. Ir al Hamman al terminar el día me resultaba casi adictivo, allí las mujeres se muestran relajadas, parlanchinas, presumidas, retumban en sus paredes los cantos bereberes y te exfolian la piel como nadie, a 6 manos….¡lo nunca visto!

Pasear por la Medina es fascinante, cada rincón tiene su encanto. Yo estaba en el paraíso, pues cada artesano va trabajando en lo suyo, haciendo una cartera de piel, por ejemplo, y solo se detiene para atender a lo que le preguntas para explicarte lo que hace con todo lujo de detalle.

En las pequeñas aldeas bereberes que iba recorriendo me acogían con una hospitalidad tan amable y paciente. ¡Cuánto aprendí de este viaje!

 

 

 

 

 

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