India siempre da una lección, según el momento vital en el que te encuentras. A mi me hizo volver a casa y sentir que lo que más importaba, ya lo tenía; mi familia, mis hijos. Quise ver en primera persona a los más pobres entre los pobres y me sorprendió. No vi miseria, lo que vi es pobreza extrema. La familia a la que visité me acogió con los brazos abiertos. Eran una familia como tantas otras, tenían la casa (por llamarla así) con el suelo de tierra, pero muy limpia. Intentaban vivir con la mayor dignidad posible en medio de montones de residuos. Lo más importante para ellos era estar juntos, si comían una o dos veces al día, o no comían, podían soportarlo.

Los indios tiene algo muy curioso y que tienen muy presente; el Karma. Sobre este tema me dio toda una clase magistral el taxista que me llevo a Agra para visitar el Taj Majal (otro de mis sueños de niña hecho realidad). Nunca lo olvidaré, sobretodo porque me obsequió con una pluma de pavo real que me dijo que son animales que dan suerte.

 

 

 

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